Estaba yo en segundo año de primaria y acababa de cumplir los 7 años, en la banca donde me sentaba de compañera tenia una niña un poco más alta que yo, con una caja de colores muy bonita que solia usar para separar el espacio de trabajo entre ella y yo.
Habiamos empezado el curso o algo asi, la cosa es que un dia de buenas a primeras, despues de terminar mi trabajo, me arrebato el cuaderno, y rayoneo mi trabajo. Yo no supe que hacer, ante situaciones inesperadas, me suelo espantar y hacer de cuenta como si nada hubiera pasado, asi que di vuelta a la hora y otra vez hice mi trabajo.
La dinamica se repitio durante un par de semanas, pero ya no solo era en algunos de mis trabajo, si no en todos, sumas, restas, dictados, ejercicios de recortar y pegar eran rayoneados sin piedad.
Hasta que un día, al terminar un dictado que debiamos entregar luego luego, la niña tomo mi cuaderno, lo rayoneo y yo me quede pasmada, como iba yo a entregar un trabajo rayoneado? Cuando la maestra paso a pedir las hojas, le dije que no lo tenia, me pregunto porque y zaz! Que me suelto a llorar contando lo que habia pasado durante semanas...
Al terminaron las clases, la maestra nos sento y muy seria pregunto cual era el problema, yo respondi que no sabia, porque en verdad no tenia ni idea, la niña respondio que rayaba mi trabajo, porque mis margenes no eran como los de ella, ademas de que mi letra era fea, asi que ella creia que era mejor rayarlos, aun hoy a años de distancia la anecdota suena gandalla, digo, me imagino perfecto a la mama de la niña haciendole lo mismo a sus cuadernos cuando algo no le gustaba, pero yo que culpa tenia?
Para no hacer el cuento largo, mandaron llamar a “los papases” y bla bla bla...
Fue entonces cuando rapido y sin mucha consciencia aprendi una leccion que tarde o temprano te toca aprender: “siempre habra alguien que tenga una mejor idea de como deberias hacer las cosas”
Ya luego mi mama me regaño por ser tan atolondrada y no reclamar desde un principio, por dejar que la niña se “encajara” conmigo, esta de sobra decir que a raiz de eso ya no dejaba yo que nadie ni por error tocara mis cuadernos.
Pero la vida no es un cuaderno, y siempre siempre va a haber alguien que cree saber lo que tienes que hacer, de que manera, con cuanta mesura o con cuanta exageración, con quien o con quienes, a que hora y en que lugar.
Hoy puedo decir que lo que soy ha sido resultado de un proceso en el cual el cambio de autoridad se dio tardio, en parte porque mi mama tenia un poco de razón, soy bastante atolondrada y en parte porque no termina de quitarseme lo politicamente correcta [ cosa de la cual mi abuela estaria muy orgullosa, pero abueeeeeeeeeeee, los tiempos cambian :P ]
Hace apenas relativamente poco tiempo tome las riendas de lo que me correspondia hacer desde hace ya tiempo, aun hay muchas muchas cosas que limar, tiliches varios que tirar, manias que pulir, maneras que olvidar, culpas que dejar de cargar, y mentadas de madre que regalar.
Y así llego al cuarto de siglo, como “hungara” con todo lo que tengo en dos maletas, sin mayor responsabilidad que la propia, infantil y sentimental, con grandes tesoros que en la realidad son reducidos a fotografias o papelitos escritos con plumas de colores, con problemas propios que aunque a veces intenten tragarme, siempre por azares del destino terminan dandome oportunidad a reivindicarme, con una adolescencia tardia que aun tiene muchos dejos por aqui, con las ganas de ser un adulto, pero con un manual para ello perdido, con pocos menos y muchos más, con todas las ganas de saber un día de estos cual es mi real porque.
Ya pues, Feliz cumpleaños a mi.
* es que no mameeeees ya 25? pero no queda de otra más que amarrarse bien las trenzas y cuidar que no se te vean los calzones, ja!